Virginia Barrionuevo, Directora de Logística y Operaciones Suply Chain de Tradivel.
La trayectoria profesional de Virginia Barrionuevo en la cadena de suministro comenzó de forma consciente, aunque también impulsada por la curiosidad y la iniciativa personal. Desde muy joven, el deporte marcó su forma de afrontar los retos y ese mismo espíritu de disciplina y superación terminó por definir su camino en la logística.
Sus primeros pasos se situaron en posiciones administrativas, pero la proximidad con la operativa despertó pronto su interés por entender qué ocurría realmente en el día a día del almacén.
“Mi oficina tenía una cristalera hacia el almacén y, viendo la operativa a diario, empecé a entender lo que había detrás de cada abono, devolución o queja de los clientes”, recuerda. Aquella perspectiva le permitió identificar algo que con el tiempo marcaría su forma de trabajar: muchas incidencias no nacían en la gestión administrativa, sino en pequeños desajustes operativos o en la falta de coordinación entre áreas.
En lugar de quedarse en esa observación, decidió cruzar la barrera entre la oficina y la operativa. Analizó procesos, reforzó su formación y preparó una propuesta de mejora con datos concretos. “Presenté al comité de dirección una propuesta de cambio con datos de ahorro y mejora, y me ofrecí para liderarla como directora de logística”, explica. La posición no existía hasta entonces y, además, la presencia femenina en ese tipo de responsabilidades resultaba poco habitual.
La empresa apostó por su propuesta y aquel momento confirmó lo que ya intuía: la logística encajaba con su forma de entender el trabajo. “Es un entorno sin rutina y con un reto permanente”, resume.
En más de dos décadas de carrera, Barrionuevo ha vivido escenarios que pusieron a prueba tanto a las organizaciones como a las personas. Entre ellos, destaca dos especialmente exigentes: la pandemia en el sector de la alimentación y la gestión de la DANA ya en el ámbito energético.
En ambos casos, el reto no se limitó a mantener la operativa en situaciones cambiantes. El liderazgo adquirió también una dimensión profundamente humana. “Había que gestionar equipos que también estaban afectados en lo personal, acompañarlos y dar claridad en prioridades”, explica.
Aquellas experiencias reforzaron dos convicciones que hoy siguen guiando su forma de dirigir. La primera tiene que ver con la colaboración. “En los momentos difíciles somos capaces de colaborar de verdad. Se alinean los stakeholders e incluso desaparecen barreras con la competencia para priorizar lo importante”.
La segunda gira en torno al valor de los equipos. “La resiliencia no está en un plan perfecto; está en un equipo preparado y comprometido”.
Cuando Barrionuevo comenzó su carrera, la presencia femenina en la logística era mucho menor que en la actualidad. Esa realidad se notaba sobre todo en la falta de referentes. Aun así, asegura que nunca vivió su condición de mujer como un obstáculo en su día a día profesional.
“Mi carrera siempre ha estado marcada más por los retos y por los resultados”, explica. Con el paso de los años, la cadena de suministro ha ganado visibilidad y reconocimiento, algo que también ha contribuido a atraer perfiles más diversos.
Para Virginia, ese avance debe analizarse en un contexto más amplio que el género. “Cuando incorporas miradas distintas (por trayectoria, experiencia y diversidad en sentido amplio) la toma de decisiones mejora, porque analizas riesgos y soluciones desde más ángulos”.
Su aspiración a largo plazo resulta clara: que el debate deje de centrarse en quién ocupa el puesto y pase a enfocarse en el impacto real del liderazgo. “Ojalá algún día la pregunta deje de ser quién ocupa el puesto y pase a ser qué aporta, cómo lidera y qué impacto genera”.
Durante mucho tiempo, la logística permaneció en un segundo plano dentro de las organizaciones y también ante la opinión pública. Sin embargo, los últimos años han cambiado esa percepción.
Barrionuevo utiliza una comparación cotidiana para explicarlo. “La logística es puro backstage. Me recuerda a cuando de adolescentes pensamos que la ropa limpia aparece en el cajón por arte de magia… y normalmente no lo valoramos hasta que un día no aparece”.
Algo parecido ha ocurrido con las cadenas de suministro. Cuando funcionan bien, pasan desapercibidas; cuando fallan, su impacto se hace evidente para todos. “Estamos madurando como sociedad y entendiendo que cuando la logística falla nos afecta a todos”.
Ese reconocimiento responde también al papel estratégico que desempeña en el funcionamiento de la economía y de los servicios esenciales. Una cadena de suministro robusta, recuerda, refuerza la capacidad de respuesta de empresas y organizaciones ante cualquier crisis.
La evolución profesional de Barrionuevo, desde posiciones administrativas hasta la dirección logística, ha marcado profundamente su forma de entender el liderazgo. Haber pasado por diferentes áreas le proporcionó una visión completa de la cadena de valor.
“Hoy en día se habla mucho de perfiles 360 o hands-on. Haber crecido pasando por distintos roles cercanos a la operativa te da una visión global, pero también te enseña cómo se ejecuta realmente cada decisión”, señala.
Esa experiencia se traduce en una forma de dirigir muy ligada a la realidad del día a día. Antes de introducir cambios, procura entender cómo afectarán al trabajo del equipo y al servicio final. “Dirijo pensando en cadena, no en silos”.
A su juicio, la experiencia solo aporta valor si se acompaña de formación y de una actitud de aprendizaje constante. La cadena de suministro evoluciona a gran velocidad, impulsada por la tecnología, los datos o la automatización, y exige una actualización continua.
Tras más de 26 años vinculada al sector alimentario, Virginia decidió dar un giro a su carrera y asumir la dirección de supply chain en el ámbito energético. La decisión respondió a una motivación clara: volver a aprender.
“El sector alimentación me sigue apasionando, pero después de tantos años me apetecía cambiar de entorno y aplicar mi experiencia en un contexto distinto”, explica.
El mayor reto consistió en adaptarse rápidamente a nuevas dinámicas y prioridades. Para afrontarlo, señala una palabra clave: humildad. Llegar con disposición a escuchar y aprender del equipo facilita que el conocimiento fluya en ambas direcciones.
“Cuando lo haces así, el equipo te enseña, tú aportas método y dirección, y las cosas empiezan a encajar”.
Buena parte de su carrera ha transcurrido en entornos operativos con actividad permanente. Gestionar equipos que trabajan las 24 horas exige una organización muy precisa y una atención constante a las personas.
Antes de implantar tres turnos en una de sus operaciones, Barrionuevo tomó una decisión clave: establecer jornadas intensivas y buscar perfiles cuya conciliación encajara especialmente con el turno nocturno. Aquello permitió evitar rotaciones continuas y ganar estabilidad tanto para los trabajadores como para la operativa.
“En un entorno 24/7 no puedes depender del héroe del turno”, señala. Lo esencial pasa por definir estándares claros, asegurar una comunicación fluida entre relevos y construir una cultura en la que pedir ayuda resulte natural.
A esa estructura se suma un elemento que considera fundamental: la presencia del liderazgo en el terreno. No para supervisar de forma permanente, sino para escuchar, ajustar y comprobar que los procesos funcionan igual en todos los turnos.
Si tuviera que resumir su estilo de liderazgo en tres palabras, Barrionuevo lo define como cercano, exigente y transversal.
Cercano, porque cree en la confianza y en la implicación del equipo. Exigente, porque la logística deja poco margen para la improvisación. Y transversal, porque la coordinación entre áreas resulta imprescindible para garantizar el servicio.
Ese enfoque también se refleja en su forma de construir equipos. Más allá de la ejecución de tareas, busca profesionales que quieran aportar ideas y participar en la mejora continua de los procesos. Para lograrlo, considera clave ofrecer claridad en los objetivos y coherencia en las decisiones.
“Cuando das contexto, escuchas y dejas espacio para aportar, el equipo funciona mejor y se compromete con el proyecto”.
Después de más de veinte años en el sector, la logística sigue despertando en Virginia la misma motivación que al principio. La razón, explica, radica en su capacidad constante de transformación.
“Nunca te duermes. Siempre hay algo que aprender o mejorar”, afirma. La incorporación de datos, herramientas digitales, automatización o inteligencia artificial abre además nuevas oportunidades profesionales dentro de la cadena de suministro.
Por eso, cuando se dirige a jóvenes que valoran orientar su carrera hacia este ámbito, su mensaje resulta claro. La logística ofrece una combinación difícil de encontrar en otros sectores: impacto real en el funcionamiento de las empresas, retos constantes y un amplio abanico de especializaciones.
“Si te gusta resolver problemas, mejorar procesos y ver resultados, es un entorno muy potente para construir carrera”.
En ese futuro, concluye, el talento marcará la diferencia. Y ojalá, añade, “sin necesidad de etiquetas”.
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