La reapertura parcial del tráfico en el estrecho de Ormuz, con el anuncio del paso limitado de petroleros, no está teniendo un efecto real sobre la operativa marítima global, en un contexto en el que las principales navieras descartan retomar sus rutas hasta que se garantice la seguridad.
Donald Trump, aseguró en las últimas horas que Irán permitirá el tránsito de 20 buques petroleros como gesto hacia Washington, al tiempo que defendió que las negociaciones avanzan hacia un acuerdo próximo. Sin embargo, el propio mandatario elevó la presión al afirmar que Estados Unidos podría cerrar el estrecho “en dos minutos”, en un contexto de creciente despliegue militar en la región.
Las navieras frenan cualquier vuelta a Ormuz
Más allá de estos anuncios, el sector marítimo mantiene una posición de máxima cautela. Fuentes del entorno de las grandes navieras, en línea con lo trasladado por organismos como el World Shipping Council, apuntan a que el retorno al estrecho no se planteará mientras no existan garantías claras de seguridad.
La industria cuestiona especialmente la falta de criterios definidos sobre qué buques pueden transitar y bajo qué condiciones. En los últimos días, la Guardia Revolucionaria iraní ha insistido en que el estrecho continúa cerrado de facto y ha advertido de que cualquier embarcación que lo atraviese podría enfrentarse a “graves consecuencias”, según distintas informaciones internacionales.
Este mensaje contrasta con planteamientos previos que apuntaban a permitir el paso a determinados buques bajo condiciones específicas.
Tránsito selectivo y decisiones políticas sobre el tráfico
Los datos de los últimos días reflejan un escenario de tránsito altamente condicionado. Solo una parte muy limitada de la flota ha logrado cruzar el estrecho, en muchos casos vinculada a países con relaciones favorables con Irán.
Al mismo tiempo, se han registrado casos de buques obligados a dar media vuelta en el último momento, incluso cuando se aproximaban al punto de paso, lo que refuerza la percepción de que el acceso al estrecho está sujeto a decisiones políticas cambiantes más que a criterios operativos estables.
A ello se suma la posibilidad de que se estén imponiendo mecanismos de control adicionales, como sistemas de autorización previa o incluso tasas de paso, lo que añade una nueva capa de complejidad para las compañías navieras.
Costes disparados y presión sobre toda la cadena logística
El impacto económico para el transporte marítimo sigue creciendo. Según fuentes del sector, las navieras acumulan miles de millones de euros en sobrecostes desde el inicio del conflicto, impulsados principalmente por el aumento del precio del combustible y los desvíos de rutas.
El encarecimiento energético continúa trasladándose al conjunto de la cadena logística, con el barril de Brent situándose por encima de los 110 dólares, lo que afecta tanto al transporte marítimo como al terrestre y aéreo.
Además, la disrupción del flujo de combustibles está empezando a impactar en otros sectores estratégicos, desde la aviación —por la dependencia del suministro que transita por Ormuz— hasta industrias como la de fertilizantes.
El factor tiempo: el mundo entra en cuenta atrás energética
Más allá de la operativa marítima, el factor tiempo se está convirtiendo en el elemento clave de la crisis. Un análisis de J.P. Morgan apunta a que el impacto del bloqueo podría intensificarse en cuestión de días, a medida que se agoten los cargamentos que ya estaban en ruta antes del cierre.
En Asia, países altamente dependientes del crudo del Golfo ya están registrando efectos visibles, como colas en estaciones de servicio. En África, comienzan a detectarse alteraciones en la movilidad por la escasez de combustible.
Europa, por su parte, podría empezar a sufrir interrupciones en el suministro a partir del 10 de abril, mientras que otras regiones como Estados Unidos o Australia dispondrían de un margen algo mayor, aunque sin quedar al margen del impacto global.
Escalada militar y ausencia de soluciones a corto plazo
En paralelo, la situación sobre el terreno continúa deteriorándose. Los ataques sobre infraestructuras en Irán, incluidos sistemas energéticos y centros industriales, se combinan con el refuerzo de la presencia militar estadounidense en la región, lo que mantiene el riesgo de una escalada mayor.
Aunque desde Washington se insiste en la posibilidad de alcanzar un acuerdo en el corto plazo, la realidad operativa muestra un escenario sin avances concretos que permitan recuperar la normalidad en uno de los principales puntos de paso del comercio mundial.
















