Pequeñas variaciones en la demanda pueden convertirse en grandes distorsiones a lo largo de la cadena de suministro. Es lo que se conoce como efecto látigo.
El efecto látigo se produce cuando una ligera variación en el consumo final se amplifica a medida que avanza hacia proveedores y fabricantes. Cada eslabón interpreta la demanda con cierto margen de seguridad y ajusta pedidos, generando oscilaciones cada vez mayores.
El resultado puede ser exceso de inventario, roturas de stock o ineficiencias productivas.
La solución pasa por mejorar la visibilidad compartida, reducir tiempos de reposición y apoyarse en sistemas de previsión más precisos. La colaboración entre eslabones es clave para estabilizar la cadena.
Entender este fenómeno permite diseñar cadenas de suministro más resilientes y menos reactivas.
Datos relevantes
- Se amplifica a medida que retrocede en la cadena.
- Genera sobrecostes e ineficiencias.
- La visibilidad compartida reduce su impacto.
Curiosidad
El término fue popularizado a partir de estudios académicos realizados en el MIT en los años 60.
















