Los Certificados de Ahorro Energético (CAE) han llegado al debate empresarial como un mecanismo capaz de transformar los proyectos de eficiencia energética en un activo económico tangible. Durante la jornada organizada la semana pasada en Zaragoza por MELYT y el clúster ALIA, diferentes expertos coincidieron en que los CAE pueden convertirse en un incentivo relevante para acelerar la descarbonización y mejorar la rentabilidad de las inversiones.
Según explicó Nora Iglesias, jefa de producto en Iberdrola, los CAE permiten a las compañías “monetizar los ahorros energéticos y recuperar total o parcialmente sus inversiones en eficiencia”. El sistema, ya consolidado en países como Francia, ofrece a la industria una vía complementaria a las subvenciones tradicionales para impulsar proyectos sostenibles.
¿Cómo funcionan los CAEs?
El sistema parte de una premisa sencilla: cada kWh de ahorro energético certificado equivale a un CAE. Para obtenerlos, la empresa que realiza una actuación de eficiencia energética —por ejemplo, sustituir un camión diésel por uno eléctrico o implantar sistemas de telemetría en su flota— acredita ese ahorro ante un verificador autorizado. Una vez validado, el expediente pasa al gestor autonómico y después al coordinador nacional, que inscribe y emite los certificados.
Estos CAE pueden venderse a los llamados “sujetos obligados”, como las comercializadoras de electricidad, gas o carburantes, que deben cumplir objetivos anuales de ahorro energético. También intervienen sujetos delegados, entidades acreditadas que dinamizan el mercado gestionando los ahorros de terceros.
En todo caso, la empresa que acomete la mejora mantiene la propiedad del ahorro hasta que lo cede mediante un convenio CAE, lo que le permite monetizar su inversión y recuperar parte o incluso la totalidad de los costes del proyecto.
Durante el encuentro en Zaragoza, Nora Iglesias (Iberdrola), recalcó que se trata de un proceso “relativamente sencillo y rápido, con plazos de verificación y resolución que, a diferencia de las subvenciones tradicionales, suelen cumplirse”. Además, subrayó que los CAE son compatibles con la mayoría de subvenciones, incluidas las de los fondos Next Generation, lo que abre una vía adicional para mejorar la rentabilidad de las inversiones logísticas en eficiencia energética.
Además, explicó que estos certificados no solo ofrecen a las empresas un retorno financiero directo por sus inversiones en eficiencia, sino que también aportan ventajas intangibles: mejoran la reputación corporativa al mostrar compromiso con la sostenibilidad, impulsan la innovación al buscar nuevas tecnologías o prácticas operativas más eficientes, y contribuyen a reducir de forma estructural los costes energéticos.

El debate del sector logístico: fichas poco adaptadas a la realidad
En la mesa redonda sobre movilidad eléctrica organizada en el marco del evento de ALIA y ZLC, varias compañías coincidieron en señalar que los CAEs son una oportunidad para monetizar proyectos de eficiencia, aunque aún presentan retos prácticos en el ámbito logístico.
El problema principal, señalaron, es que las fichas estandarizadas definidas por el Ministerio ―que recogen actuaciones tipo como sustitución de calderas, neumáticos o sistemas de iluminación― están pensadas para entornos industriales, y no siempre reflejan la complejidad operativa del transporte y la cadena de suministro.
Héctor Benito, director de proyectos de sostenibilidad en Grupo Carreras, apuntó que “muchas de nuestras actuaciones logísticas terminan tramitándose como singulares, porque las fichas oficiales no contemplan variables como el papel del conductor, la tipología de carga o la operativa diaria”. Por su parte, desde City Login, Irene Gómez añadió que su compañía ha implantado telemetría y geoposicionamiento en su flota, “pero el proceso para convertir esos ahorros en CAEs sigue siendo exigente en documentación y trazabilidad”.
Por otro LADO, Juan Manuel García (AENOR) recordó que la función de los verificadores es “generar confianza en un sistema todavía joven, pero que mejora cada año con la coordinación entre empresas, reguladores y sujetos obligados”.
En conjunto, el debate mostró un consenso: los CAEs son una palanca para impulsar la descarbonización logística, siempre que se adapten mejor a la realidad del sector y faciliten también el acceso de pymes y autónomos.
















