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San Valentín 2023

Me quiere, no me quiere…

Por Ricardo J. Hernández

A mí, me quiere la logística. Es mutuo. Y es un buen día para celebrarlo. De otra forma, no podríamos habernos aguantado tanto tiempo. Más de cuatro décadas. Y más de tres de manera ininterrumpida. Hay amores eternos. Y no es por decir.

No soy el único. Conozco a muchos otros (me refiero a muchos y a muchas, por si caben dudas) que también mantienen un idilio, diría que apasionado y, si me permiten el rasgo poético, eterno, con la logística. Por algo será.

Se dice que este es un sector poco atractivo, poco sexy. Sinceramente empiezo a pensar que no es cierto. Que solo es una frase hecha, afortunada, pero no real. Al menos yo no conozco a nadie que haya “huido” de este sector. Y sí a muchos que llegaron y se quedaron para siempre.

Probablemente, porque la logística sea uno de los sectores más retadores que existen. Un entorno cambiante y dinámico. Cada día ¿Poco atractivo, aburrido…? Para nada.

En diciembre pasado, el CEL entregaba en su gala anual, el Premio Dirigente Logístico a Raimundo Gonzalo, director de supply chain y organización de Auchan Retail. Tras toda una carrera en logística, me quedo con una de sus frases entre las dedicadas a agradecer el galardón: no tengo intención de retirarme, vino a decir. Seguro que muchos le entienden.

Pasión sobre la pasión

Hoy es 14 de febrero. San Valentín. Día de los enamorados. Se supone que de las personas. De tu pareja. Pero nadie dice que no pueda ser de tu profesión.

Y es esa profesión la que permite aquí, pero mucho más en lugares y países más “in love”, que se mueva todo los necesario para que bombones, flores, vinos, joyas… y un etcétera tan largo  como la imaginación de los enamorados, esté, justamente hoy, en las manos adecuadas.  

En Estados Unidos lo tienen claro. Primero fue la pasión navideña y la logística de los regalos de Papá Noël; luego la de la Superbowl, con sus miles de millones de alitas de pollo cocinadas, entregadas y consumidas entre touchdown y touchdown tras la línea de los tres palos; y ahora los corazones rojos conteniendo flores o chocolate, por poner dos tópicos.

Las ganas de celebrar lo superlativo animan esta onomástica social, pagana, que tiene un fondo creyente: la del santo casamentero que le da nombre. Como nuestro castizo San Antonio.

En todo caso, no se dejen la pasión olvidada. Eso no hay autómata que lo supere. Tanto la personal como la profesional. Y si son apasionados de la logística, como yo, ¡Enhorabuena!

 ¡Qué sean felices! Celebren su amor, que esto es muy corto.        

Ricardo J. Hernández

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