Inicio / Opinión / El irreconocible coste real de las devoluciones

El irreconocible coste real de las devoluciones

El coste real de las devoluciones de las ventas del canal de comercio electrónico empieza a ser una sima insondable. Oculta por una suma de intereses comerciales. E insostenible ya a medio plazo. Si no a corto.

Especialmente en el sector textil, pero también muy notable en otros, las empresa fabricantes y sus operadores destinan más y más recursos, gestión y personal, para intentar que el inmenso porcentaje de total de las ventas por el canal virtual que vuelven a sus plataforma, entren de nuevo –como sea- en el cauce de ventas para minimizar las pérdidas que ocasiona.

No hay cultura; no hay “docencia” ni transparencia de los costes del envío fallido o la devolución; no hay foco común de todos los implicados hacia este problema: fabricantes, distribuidores, plataformas, operadores logísticos. Prima la venta. Y nada más. No importa la devolución si se compra mucho; tampoco si se hace con frecuencia. Para eso están los algoritmos que nos califican a todos.

Las cifras son escalofriantes. Medias por encima del 40 por 100. Y picos que en los Estados Unidos llegan al 70 por 100.

Si alguien paga por el coste real de las devoluciones, no es suficiente, pues no se percibe en la factura de compra. Ni figura en ningún escandallo de coste de envío y/o retorno.

El textil de lleva la palma. Imparable. Sobre todo en las grandes compañías. Muy preocupadas –cierta y lógicamente- por la experiencia de venta, la facilidad y la flexibilidad de adquisición y entrega. Pero mucho menos por la sostenibilidad global de su cadena.

Si todos ganan en una venta on-line entregada a la primera y sin devolución, todos pierden si eso no sucede. Salvo el consumidor. Para él, miel sobre hojuelas, pero a un coste medioambiental incalculable. Y los que más pierden, los operadores logísticos.

Esfuerzo sobre esfuerzo. Siempre expuestos y en primera línea de gestión. Para lo bueno y para lo otro. Y con escaso reconocimiento.

Obligados a recoger, revisar, “certificar” como válidos, re-empaquetar, re-etiquetar y re-introducir en el sistema los productos devueltos como útiles –de nuevo- para la venta, se ven empujados a destinar cada vez más recursos para ello y, a veces, a hacer la vista gorda con productos dudosos.

Y eso, sin contar los que van al montón de no aptos para la venta: pérdida.

El coste oculto de las devoluciones crece y crece

¿Se imaginan si alguien comprara seis automóviles y devolviera cinco? ¿O una docena de botellas de vino y hiciera los mismo con 9 de ellas porque el “bouquet” no le satisface? Pues eso se hace con la ropa y los zapatos. A veces sin siquiera quitar la etiqueta, pero eso no impide la carga de gestión y revisión del operador. Y no solo sucede en ese sector. También en tecnología, por ejemplo, donde la vuelta al canal es aún más compleja.

Sigue sin haber compromiso ni proselitismo bien entendido hacia el consumidor que –como ya he mencionado no hace demasiado- se olvida de su supuesta “cruzada” por el planeta en cuanto hace clic.

Las recientes campañas de Black Friday, Ciber Monday y Navidades 2022 y las actuales de Rebajas 2023, no cambian la situación. Quizás por aquello de la vuelta a la normalidad, al contrario. El coste real de las devoluciones sigue sin ser transparente y solo hay una cosa segura: crece y crece. Pero nadie lo va a reconocer.

Internet es el campo y no hay quien le ponga puertas si todos no nos ponemos de acuerdo para fabricarlas.

Subscribirme
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Ir arriba