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Otra vez la irracional semana intermitente

Esta semana se ha producido un hecho que no se repetía desde hace una década. Un poco más. Once años. Una semana intermitente desde el punto de vista laboral. Era diciembre de 2011 –el primer año completo de nuestra compañía, por cierto- y la celebración de dos festivos nacionales separados únicamente por un día laboral, ha traído consigo este despropósito, a mi modo de ver.

En realidad no tiene nada de raro. Sucederá periódicamente. En ritmos más o menos regulares. Aunque no exactos, al introducir los años bisiestos como correctores de la desviación temporal. Ocurrirá si no hacemos algo.

Criticar esta semana intermitente por improductiva, muy cara a efectos de fabricación y costes laborales, y una auténtica locura para la logística –a caballo por si fuera poco del Black Friday y la Navidad-, es políticamente incorrecto. Lo sé.

A todos nos gustan las vacaciones. Largas o cortas. Aún más, tras dos años de Navidades grises teñidas de virus. No hay más que ver las reservas hoteleras, las estaciones y los aeropuertos. Las carreteras. El sector de viajes y hostelería lo celebra como pocos.

 

Probablemente, usted sea uno de esos muchos, muchísimos, afortunados que celebra estos días de descanso como antesala de la época de reuniones familiares y sociales de final de año. Leerá esto alejado de sus tareas profesionales. O quizás días después.

Desde luego no se trata de suprimir, cercenar, eliminar o desterrar ninguno de esos catorce días festivos de cada año (nacionales, regionales y locales), que junto a sábados y domingos saltean de rojo los calendarios y nos sabemos de memoria. Son días no recuperables laboralmente, remunerados y de carácter obligatorio, dice la norma.

Se trata de racionalizar

Solo el Gobierno de Mariano Rajoy, tímidamente, y ASTIC y CEOE -estos más decididamente- pusieron sobre la mesa la posibilidad de ubicar esos festivos al final o principio de la semana. Como sucede en Pascua. El resultado fue nulo.

No hay razones cultural-religiosas tan estrictas que lo impidan. De hecho la tradición cristiana que tanto nos obliga a pesar de ser un estado no confesional, según nuestra Constitución, y que no hay por qué obviar, tiene festivos “móviles”, como el Corpus o la propia Semana Santa.

Y si acudimos a los festivos no anclados a esa exigencia, es aún más fácil reubicarlos. Lo hubiera sido especialmente el Día de la Constitución, uno de los festivos más recientes junto a los que celebran el día de cada Comunidad Autónoma. Al igual que la Fiesta Nacional de España o la del Trabajo, festivo mundial.

Las organizaciones modernas (y algunos países nacidos oficialmente hace menos de dos siglos y aconfesionales) referencian sus fechas señaladas o festivos acudiendo a esas fórmulas móviles, que racionalizan las fechas: “el primer lunes después del primer martes de… etcétera”, por ejemplo.

No entiendo por qué no se hace. Y menos, que no se insista en ello desde organizaciones de transporte y logística o de fabricantes, que lo “sufren” especialmente. O que la Unión Europea no lidere este cambio necesario. Diría que imprescindible.

Todo serían ventajas y ahorros. Para productores, distribuidores y transporte. Desde luego para la logística. Y aun más, si cabe, para el sector hotelero, hostelero y de viajes. Festivos siempre en lunes o viernes. O lunes y martes, jueves y viernes. Si quieren con la excepción de la Navidad.

Se trata de racionalizar estas semanas intermitentes. De difícil gestión. Insisto en ello. Ahora que se habla de mejor gestión empresarial y de los recursos humanos, de eficiencia.

La semana intermitente debería desaparecer. Ser cosa del pasado. Y la logística lo aplaudiría. De eso estoy seguro.

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