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¿Y si se olvidan de nosotros?

Ahora. Es el momento. Ahora que entendemos el sentido de urgencia, ahora tenemos su atención sobre la logística.

La situación global ha levantado la manta y destapado todos los engranajes sociales, económicos y políticos que mueven el mundo, arrojando luz sobre cómo, dirigiéndonos hacia un futuro incierto, todos los actores deben ajustarse a una normalidad que, lejos de lo común, resulta imprevisible en muchos sentidos.

Las crisis generan oportunidades, sí, pero ¿qué pasa con los caídos en combate?

Adaptarse o morir. La cruel – aunque no por ello menos realista – teoría desarrollada por el naturalista Charles Robert Darwin muestra, una vez más y a pesar de sus más de cien años, una vigencia innegable.

Las piezas clave del estado del bienestar, sin embargo, no pueden permitirse el lujo de elegir. Sobrevivir no es una opción, es una obligación porque ¿qué sería del mundo si los supermercados tuvieran los estantes vacíos? ¿Qué pasaría si los hospitales no tuvieran materiales para atender a los enfermos? O, sin irnos más lejos, ¿qué sería de nosotros si no pudiéramos consumir porque cualquier producto quedara fuera de nuestro alcance?

La cadena de suministro ha sido, es y será siempre el eje central sobre el que se asienta la normalidad, sea del tipo que sea. Por ello, garantizar su supervivencia no es moco de pavo y, desde luego, dicha misión no puede depender solo de las tan ansiadas ayudas estatales.

No podemos esperar porque, señoras y señores, se avecina un futuro incierto.

3 BASES SOBRE LAS QUE AVANZAR, A PESAR DE TODO

La expectativa de una futura inyección de capital externa, si bien para muchos puede suponer la salvación de un sector duramente castigado por el azote pandémico, no debería suponer para otros tantos una señal de ‘STOP’ en la inversión, a la espera de que esta se convierta en impulsora para la construcción de capacidades como la agilidad, la resiliencia y la sostenibilidad, claves para la salvación de la cadena de suministro.

Siendo sinceros, nos ha pillado el tren. Hemos llegado tarde a aspectos esenciales de la logística y la llegada de una situación imprevista de este calibre no ha hecho más que mostrarnos la importancia de reforzar los pilares sobre los que se asienta su futuro.

Que no se malinterprete. La logística, la cadena de suministro y todos sus actores implicados han dado todo lo que han podido, incluso más si cabe, para que los efectos de la pandemia se dejaran notar lo mínimo posible sobre el resto de la sociedad. Sin embargo, temas que se iban postergando para ‘cuando hubiera tiempo’ o ‘cuando hubiera dinero’, se han mostrado imprescindibles y, en algunos casos, inexistentes.

Olvidarse de su desarrollo, más que un error, sería la crónica de la muerte anunciada de un sector estratégico.

MÁS PRONTO QUE TARDE

Las ya mencionadas capacidades de agilidad, resiliencia y sostenibilidad – entrelazadas entre sí – ya no solo funcionan como meta, sino como punto de partida para replantearse las nuevas estrategias a desarrollar en tiempos de coronavirus y de cara al mañana.

En pocos datos, las empresas con cadenas de suministro ágiles superan a sus pares. El 10 por ciento de las compañías que Accenture clasificó como Masters de la cadena de suministro lograron un crecimiento de ingresos un 13 por ciento mayor, triplicando la contribución a los ingresos totales y un margen de EBITDA un 2,5 por 100 más alto. Uno de sus puntos en común: la inversión en agilidad.

Asimismo, la archiconocida resiliencia ha permitido a las compañías reconocer las debilidades potenciales de sus cadenas de suministro antes de que fueran expuestas por elementos ajenos a su control, evitando las temidas roturas en la cadena de suministro y las desoladoras estanterías sin reponer de supermercados y tiendas.

En último lugar, aunque no por ello menos importante, la pandemia nos ha hecho conscientes del ‘respiro medioambiental’ que la reducción de la actividad supuso para el ecosistema. No podemos parar, es cierto. El consumo crece y con él los servicios para saciar las necesidades de una población cada vez más demandante. Sin embargo, podemos potenciar todos los cambios que dejamos para 2030 ó 2050 como fechas límite para afrontar una cruda realidad: la destrucción humana del planeta.

Es el momento, ahora que somos protagonistas, de implantar todas las medidas necesarias para asegurar el futuro del sector. Porque si se olvidan de nosotros, si no llegan las ayudas o la situación se torna complicada, sólo habrá una certeza: la logística salvará a la logística.

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