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Previsiones y dificultades en una campaña de Navidad incierta

Este año la campaña de Navidad, que desde hace tiempo comienza con redoble de tambores con las ofertas por el Black Friday, se presenta con mayores dosis de incertidumbre que otras veces. Porque habíamos salido de la pandemia, pero la guerra en Ucrania, unida a las disrupciones permanentes en la cadena de suministro global, hizo saltar por los aires los esfuerzos de recuperación económica (las tarifas de los fletes marítimos ya llevaban meses por las nubes, un factor adicional que complicó la situación del sector logístico).

Desde entonces nos hemos metido en una olla a presión en la que la elevada inflación oprime con fuerza a ciudadanos, profesionales y empresas. Todo ha subido, desde el combustible y las fuentes de energía hasta la cesta de la compra, pasando por los materiales de construcción y prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra. El resultado es que nuestro dinero vale menos y hemos perdido poder adquisitivo.

Y entonces se echa encima la semana del Black Friday y abundan los estudios de diversas fuentes, basados en previsiones de intención de gasto, que no se ponen de acuerdo entre si el consumo medio por persona va a subir –para adelantar las compras y hacerse con todo lo posible a un precio más barato- o va a descender –por la contención del gasto que se impone ante la difícil situación económica de muchas familias-.

Desde el sector del transporte de mercancías por carretera, que es en quien recae la responsabilidad de que todo esté donde debe estar para que el consumidor pueda comprarlo (y recibirlo en su domicilio después, si las compras son online), priman las previsiones de moderación. La Organización Empresarial de Logística y Transporte (UNO Logística) prevé que los envíos de estas semanas se reduzcan un 5,3 por 100 respecto al mismo periodo de 2021. Desde Ontruck también manejamos la previsión de un escenario conservador, aunque sí esperamos picos de demanda en días concretos más cercanos al optimismo.

En la semana previa a la convocatoria de paro del pasado día 14 de noviembre registramos un aumento inesperado de hasta el 30 por 100 en la petición de servicios, de empresas que querían adelantar sus envíos ante una previsión de inactividad de los transportistas. Pero una vez normalizada la situación, la demanda ha mantenido su fluctuación natural. Ahora, estamos preparados para afrontar el pico máximo de demanda, que esperamos entre los días 13 y 23 de diciembre, con un volumen de envíos que podrá situarse entre el 30 y el 40 por 100 respecto al volumen registrado en el mismo periodo del mes de octubre.

Para el sector, asumir este incremento de envíos es en sí mismo un reto que implica algunas dificultades:

  • Garantizar la capacidad de transporte con la suficiente agilidad. Cuando la demanda se concentra en un periodo de tiempo tan corto, los cargadores sufren para dar salida a sus mercancías. Es un reto que afecta especialmente al retail, donde cada rotura de stock se traduce en pérdida de ventas. Necesitan proveedores de confianza que puedan adaptarse a sus propios picos.
  • Asegurar un buen nivel de servicio. La tendencia a que se produzcan disrupciones en la cadena de transporte continúa, y en logística, cómo gestionar estas posibles interrupciones en el suministro se ha vuelto más importante que nunca. También la escasez de transportistas complica la saturación de los recursos en fechas clave.
  • Optimizar el coste del transporte y evitar que se dispare. Según el estudio ‘Perspectivas para la Cadena de Suministro del sector Gran Consumo 2022’ de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), este año un 60 por 100 de las empresas de consumo han visto aumentar los costes logísticos en más de un 10 por 100, principalmente por el incremento del precio del combustible, la inflación general y los cambios legislativos, que también han tenido un impacto en los costes (por ejemplo, la regulación del servicio de carga y descarga). Teniendo en cuenta esta tendencia alcista, los cargadores se enfrentan a una situación complicada para equilibrar coste de transporte y calidad de servicio.
  • Incertidumbre en la planificación. La inestabilidad en las cadenas de suministro favorece que los cargadores tengan que tomar decisiones rápidas y necesitan proveedores que puedan reaccionar con la misma agilidad.

¿Cómo es posible afrontar estas dificultades? Desde nuestra experiencia, la clave fundamental está en la flexibilidad. Es esencial disponer de una fuerza de transporte que dé respuesta a las necesidades de las empresas cargadoras en cada momento de forma ágil y rápida, tanto en tipo de vehículos y capacidad de carga como en tiempos de recogida y entrega. También es prioritario dotarse de las herramientas adecuadas tanto para adelantarse a la previsión de demanda como para conseguir la máxima optimización en la gestión de rutas y cargas. La tecnología está ahí, y hoy día no es posible ignorarla si se pretende buscar la eficiencia y la excelencia en el servicio.

Por otro lado, se habla mucho de la escasez de transportistas, un problema que no afecta solo a España, sino que tiene un alcance global. La búsqueda de la eficiencia es crítica para optimizar al máximo los recursos disponibles y ser capaces de reducir todo lo posible los kilómetros recorridos en vacío, que representan una pérdida de oportunidad y también de dinero. Pero también hace falta cuidar a estos profesionales, impulsar medidas que fomenten el empleo en el sector, mejorando sus condiciones laborales para convertir esta profesión en atractiva para los más jóvenes. Solo así se conseguirá el relevo generacional que se necesita para que la maquinaria de la economía siga funcionando.

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