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La tregua no reabre Ormuz, pero permitirá reactivar la operativa logística bajo incertidumbre

Por Eleazar RamosResponsable de contenidos del área de Logística
Tras el anuncio del alto el fuego impulsado por Donald Trump, y el compromiso de Irán de permitir el tránsito durante dos semanas, el Estrecho de Ormuz sigue sin recuperar su actividad, evidenciando la fragilidad del acuerdo. En este contexto, desde este medio hemos hablado con Jordi Espín para analizar cómo puede afectar esta situación a la operativa logística.

Más de 48 horas después del anuncio del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, el estrecho de Ormuz sigue sin recuperar su actividad habitual. El tráfico marítimo continúa prácticamente paralizado, con cerca de un millar de buques cisterna bloqueados en la zona y sin una reanudación efectiva de los flujos, lo que refleja la fragilidad del acuerdo alcanzado.

En este contexto, el sector logístico comienza a ajustar su operativa a un nuevo escenario que, aunque no supone una normalización, sí introduce cambios relevantes respecto a la situación anterior.

De la disrupción total a un escenario de incertidumbre operativa

Según explica Jordi Espín, secretario general de Transprime – Spanish Shippers’ Council y miembro del comité ejecutivo del European Shippers’ Council y de Global Shippers’ Alliance el principal cambio no está en la reapertura del estrecho, sino en el tipo de escenario al que se enfrentan ahora las empresas.

“El alto el fuego no elimina los problemas logísticos, pero sí introduce un cambio importante: pasamos de una disrupción severa a una tregua con incertidumbre”, señala.

Asimismo, Espín subraya que, aunque la incertidumbre sigue siendo elevada, el contexto actual permite retomar ciertas decisiones operativas que hasta ahora eran inviables: “Para las operaciones logísticas, saber que hay tregua durante dos semanas es importante, porque se puede operar y se pueden hacer cosas, cosa que antes no ocurría”.

Reactivación parcial de rutas y planificación a corto plazo

Desde el punto de vista operativo, el sector empieza a contemplar una posible reapertura parcial de algunas rutas durante este periodo, lo que podría aliviar, al menos de forma limitada, la situación de bloqueo.

“Estimamos que algunas rutas pueden reabrirse parcialmente durante estas dos semanas, lo que reduce el riesgo de bloqueo total”, explica Espín, que recurre a una analogía para describir la situación: “Es como un sistema circulatorio: algunas vías están taponadas, pero otras pueden abrirse, y eso permite cierta fluidificación del flujo logístico”.

Este cambio, aunque parcial, tiene un efecto directo sobre la planificación: “Hasta ahora, planificar logísticamente no tenía sentido porque todo estaba bloqueado. Ahora se pueden empezar a construir escenarios a corto plazo, aunque sean imperfectos”.

Costes elevados y redes logísticas aún alteradas

Pese a este margen operativo, el sector no espera una normalización inmediata. Espín advierte de que los problemas estructurales derivados del bloqueo siguen presentes: “Las rutas marítimas continúan alteradas, con desvíos, cancelaciones de escala y reservas suspendidas. Esto no se normaliza de un día para otro”.

En paralelo, los costes logísticos continúan en niveles elevados, especialmente en el ámbito operativo: “Si quieres mover mercancía que pase por allí, va a ser con costes logísticos altos. Eso no desaparece con la tregua”.

En cuanto a los precios energéticos, apunta a una posible corrección, aunque todavía con niveles significativamente superiores a los previos al conflicto: “Los precios siguen siendo alrededor de un 40% más altos que antes de la crisis”.

Cambios en la operativa y una tregua que permite operar, pero sin normalidad

Uno de los efectos más relevantes de la crisis ha sido la adaptación de las propias navieras, que han comenzado a ofrecer soluciones alternativas para mantener el flujo de mercancías.

“Algunas navieras han empezado a mover contenedores por carretera en la región, algo que hasta ahora no ocurría”, explica Espín. “Esto es importante porque asumen la responsabilidad de entregar la mercancía y permite introducir cambios modales, del marítimo al terrestre, para mantener el flujo”.

Este tipo de soluciones refleja un ajuste progresivo del sector a un entorno en el que la flexibilidad operativa se convierte en un factor clave.

Con todo, desde el sector se insiste en que el actual escenario sigue lejos de una recuperación completa. “No volvemos a la normalidad, pero pasamos a un contexto en el que se pueden generar escenarios logísticos que antes eran imposibles”, resume Espín.

En este sentido, la tregua de dos semanas se interpreta como un margen temporal que permite reactivar parcialmente la actividad, aunque bajo un entorno de incertidumbre y con costes todavía elevados.

“Introducir incertidumbre después de una disrupción total es positivo, porque permite que las cosas vuelvan a moverse”, concluye.

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