Las recientes hostilidades entre Irán e Israel vuelven a poner en jaque la seguridad de una de las rutas calve para el transporte de crudo y GNL.
La creciente tensión entre Irán e Israel ha vuelto a encender todas las alarmas en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula casi una quinta parte del petróleo mundial y más del 20% del gas natural licuado. La amenaza de una escalada militar directa y los últimos incidentes en la zona han puesto en jaque la seguridad del transporte marítimo, afectando de forma inmediata al sector logístico y energético.
Aumentan los costes y se ralentizan los fletes
Desde que se intensificó el conflicto, las tarifas de los grandes petroleros (VLCC) que cubren la ruta entre Oriente Medio y Asia han subido más de un 20%, según datos publicados por Reuters. Las empresas navieras están adoptando una actitud de cautela y muchas operaciones se han ralentizado a la espera de que se aclare el panorama.
Además, las aseguradoras marítimas han comenzado a revisar sus primas en la región, lo que podría suponer un encarecimiento adicional del transporte de hidrocarburos.
En cuanto a las navieras comerciales, se muestran cautelosas por el momento, evaluando la evolución de la situación en la región. “En este momento, confirmamos que las actividades de transporte marítimo se desarrollan con normalidad en la zona, y que nuestras operaciones y cadenas logísticas no se han visto afectadas (…) Seguimos garantizando una cobertura completa de servicio en todas las rutas y puertos de escala”, señalan desde CMA CGM.
En la misma línea, Hapag-Lloyd ha señalado que, aunque el nivel de riesgo en la zona continúa siendo elevado, por ahora no se están registrando interrupciones en el tráfico marítimo. No obstante, advierten de que la situación es muy volátil y podría cambiar en cualquier momento debido a la escalada de las hostilidades.
El sector logístico, preparado
Aunque un eventual cierre del estrecho de Ormuz supondría un golpe para el transporte energético global, los expertos coinciden en que las consecuencias para Europa y el comercio marítimo internacional serían limitadas si la interrupción fuese temporal. Víctor Rubio, marino mercante y miembro de la Junta de Gobierno de la Asociación Catalana de Capitanes de la Marina Mercante (ACCMM), señala a este medio de comunicación que, pese al alto riesgo geopolítico, la situación dista de ser crítica para las cadenas de suministro occidentales.
Según Rubio, el sistema logístico global ha demostrado una notable capacidad de adaptación desde el estallido de la crisis en el mar Rojo. Tras más de un año de restricciones en rutas como el canal de Suez, el tráfico marítimo ha seguido funcionando gracias a la flexibilidad operativa de las navieras, que han sabido redistribuir sus capacidades y reorganizar itinerarios sin provocar un colapso del comercio.
En este contexto, el impacto de un cierre parcial o total de Ormuz afectaría principalmente al transporte de crudo y gas procedente de países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irán, pero no tendría un efecto directo sobre sectores como la electrónica o el comercio de bienes de consumo. Rubio recuerda, asimismo, que existen rutas y mecanismos alternativos para minimizar la disrupción energética, al menos en el corto plazo.
En el plano internacional, el experto tampoco percibe por el momento una respuesta alarmista. Señala que China, aliado estratégico de Irán, ha reaccionado con una protesta diplomática moderada, mientras que Rusia guarda silencio, posiblemente interesada en una ligera subida del precio del petróleo, que venía de mínimos previos. La evolución de los mercados financieros parece confirmar esa lectura: pese al repunte del crudo, los principales índices bursátiles europeos, incluido el IBEX 35, siguen cotizando al alza.
Con todo, Rubio no descarta que el panorama pueda cambiar si se produjeran movimientos inesperados desde Estados Unidos. Advierte de que un “liderazgo imprevisible” encabezado por Donald Trump, podría desencadenar una escalada más agresiva, con consecuencias difíciles de vaticinar. “En ese caso estaríamos hablando de un escenario completamente distinto”, concluye.
Interferencias en las señales GPS
El pasado martes 17 de junio, dos petroleros —el Adalynn y el Front Eagle— colisionaron a unas 24 millas náuticas al este del estrecho de Ormuz, frente a la costa de los Emiratos Árabes Unidos. La Guardia Costera emiratí evacuó a 24 tripulantes, aunque no se produjeron daños personales ni vertidos de crudo.
El incidente se produjo en un contexto de creciente alerta por las interferencias electrónicas en la zona. Según el aviso 023/25 de la UKMTO (mando británico de coordinación marítima), emitido el 16 de junio, se han detectado múltiples casos de interferencia en los sistemas automáticos de identificación de buques (AIS), tanto en el Golfo Pérsico como en el propio Estrecho. La intensidad de estas perturbaciones está afectando de forma significativa a la capacidad de los barcos para reportar su posición mediante sistemas automatizados, lo que incrementa los riesgos de navegación en una ruta ya de por sí congestionada.
La organización británica ha aconsejado a todas las embarcaciones extremar las precauciones durante su tránsito por la zona y notificar cualquier anomalía relacionada con interferencias electrónicas.
El precio del crudo sube un 4%
El precio del crudo Brent aumentó más de un 4% el pasado 17 de junio, llegando a cotizar en torno a los 76,45 dólares por barril (aproximadamente 66,43 euros). Apenas unos días antes, el 13 de junio, ya había registrado una subida cercana al 7% tras los primeros bombardeos israelíes sobre territorio iraní, superando entonces la barrera de los 75 dólares (aproximadamente 65 euros).
Este encarecimiento refleja, en buena parte, la prima de riesgo que los mercados están aplicando ante la posibilidad de que se interrumpa el suministro de crudo a través del estrecho de Ormuz. Se estima que esa prima se sitúa actualmente entre 5 y 10 dólares por barril. En este contexto, muchas navieras están optando por una postura de prudencia: se han reducido las reservas de grandes petroleros (VLCC) y los fletes han comenzado a encarecerse, en línea con el parón observado en la contratación de nuevas rutas.
La situación en Ormuz se suma a otros focos de inestabilidad, como el mar Rojo, que ya obligaron a redibujar rutas y ajustar operaciones a finales de 2023. Desde varias asociaciones del sector y gobiernos europeos se han emitido recomendaciones para reforzar los protocolos de navegación y comunicación en la zona. Entretanto, las empresas de transporte y energía siguen de cerca la evolución del conflicto, con planes de contingencia listos para activarse si la situación se deteriora.
















