El incremento del uso de nuevas herramientas y soluciones tecnológicas ha mejorado la eficiencia, pero también ha multiplicado las amenazas cibernéticas que pueden poner en riesgo la continuidad de las operaciones.
La digitalización abre nuevas vulnerabilidades
El sector logístico y de transporte constituye un engranaje crítico de la economía global, y su relevancia ha crecido exponencialmente con la digitalización y la automatización de procesos. La integración de sistemas industriales tradicionalmente aislados, conocidos como Tecnología Operativa (OT), con redes corporativas y el acceso a Internet, ha permitido mayor eficiencia y seguimiento en tiempo real, pero también ha generado nuevos desafíos en materia de ciberseguridad.
José María de Fuentes, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid experto en ciberseguridad y protección de datos, advierte que “si esta conectividad no se aborda con el rigor adecuado, puede traer verdaderos problemas”. Históricamente, muchos dispositivos industriales fueron diseñados bajo la suposición de que la seguridad física era suficiente, sin prever la exposición a amenazas externas. Al conectarse a la red, estos sistemas se convierten en objetivos accesibles para los cibercriminales, obligando a las empresas a replantearse sus estrategias de protección y resiliencia.
Cómo se producen los ciberataques
La expansión de la digitalización ha multiplicado la superficie de ataque. Desde malware que paraliza sistemas, hasta fraude online que roba información sensible o intrusiones que explotan vulnerabilidades específicas, la naturaleza de los ataques es variada. En España, INCIBE-CERT gestionó en 2024 un total de 97.348 incidentes, un 16,6% más que en 2023, de los cuales 31.540 afectaron directamente a empresas. La mayoría de los incidentes fueron malware —42.136 casos, incluyendo 357 ataques de ransomware—, seguidos de fraudes online, con más de 38.000 casos, siendo el phishing el líder con 21.571, y 7.470 intrusiones o intentos de acceso no autorizado.
Un ejemplo paradigmático de cómo un objeto aparentemente trivial puede convertirse en puerta de entrada es el caso de un casino atacado a través de un termostato inteligente ubicado en una de sus peceras. Los cibercriminales aprovecharon esta vulnerabilidad para moverse lateralmente por la red interna y exfiltrar 10 GB de datos de clientes. De Fuentes subraya que “cualquier dispositivo conectado, por trivial que parezca, puede convertirse en un vector de ataque si no se integra mediante arquitecturas de seguridad robustas, como las de Zero Trust”.
Un sector expuesto a las ciberamenzas
El sector logístico ha sido blanco durante los últimos años de ataques estratégicos que han afectado a operaciones críticas. De hecho, el transporte se ha convertido en el sector más afectado por los ciberataques dirigidos a operadores esenciales en España, acumulando el 24,6% de las incidencias registradas en 2024, según un análisis de la empresa tecnológica Pandora FMS basado en los datos del INCIBE.
Por ejemplo, el año pasado, Geopost / DPD España registró accesos no autorizados a sus sistemas informáticos, lo que llevó a la compañía a emitir un comunicado detallando las medidas mitigadoras. En Reino Unido, Microlise, proveedor de soluciones de gestión de flotas, sufrió también un ciberataque que impactó directamente en los sistemas de seguimiento de entregas de DHL, generando retrasos significativos en la cadena de suministro de minoristas.
A nivel internacional, JAS Worldwide fue también víctima de un ransomware que paralizó sus operaciones en Atlanta, Georgia, evidenciando el impacto que este tipo de ataques puede generar en logística global. Incluso infraestructuras críticas como los puertos de Tyne en Inglaterra y los puertos belgas de Antwerp, Zeebrugge y Liège fueron objetivos de ataques DDoS atribuidos a grupos pro-rusos.
Estos sucesos dejan patente que el alcance de la amenaza es superior a los sistemas internos; puede afectar a instalaciones estratégicas interconectadas, con consecuencias operativas y económicas notables. De Fuentes subraya que la digitalización es imprescindible, pero simultáneamente abre puertas que antes no existían. Por ello, urge abordar la seguridad de manera integral, abarcando “desde cada dispositivo conectado hasta la alta dirección”.

Ciberataques: algunas lecciones aprendidas
La vulnerabilidad cibernética no se circunscribe solo a la logística. Las grandes corporaciones en España también han pasado por el trance, poniendo de relieve la interdependencia de las cadenas de suministro y los riesgos inherentes derivados de terceros. Iberdrola sufrió el año pasado un ataque que comprometió los datos de 850.000 clientes. Incluso empresas del Ibex35, como Repsol, han sido también afectadas, y en el ámbito público, la Generalitat de Cataluña se enfrentó sólo en 2024 a 6.900 millones de ciberataques a entidades públicas, de los cuales 3.372 fueron exitosos.
Si algo queda claro es que la digitalización y las ciberamenazas no distinguen entre sectores: cualquier empresa conectada puede ser vulnerable si no implementa medidas preventivas adecuadas y protocolos de respuesta bien definidos.
Costes económicos y consecuencias operativas
El impacto económico de los ciberataques es considerable. Según Hiscox, el coste promedio de un incidente en 2022 alcanzó los 105.655 euros, y puede ser hasta 14 veces superior al de un incendio. Para las pymes, que constituyen el 99% del tejido empresarial español, las pérdidas derivadas del lucro cesante oscilan entre 5.000 y 50.000 euros diarios. Un informe de Google indica que el 60% de las pymes europeas, incluidas las españolas, se ven obligadas a cerrar en los seis meses posteriores a un ciberataque. Pese a estos riesgos, apenas un 30% de las empresas cuenta con un seguro específico contra ciberincidentes. Manuel Huerta, CEO de Lazarus Technology (empresa especializada en ciberseguridad), insiste en la necesidad de abandonar la “sensación de insignificancia o el azar” como estrategia defensiva, pues muchas pymes creen erróneamente que su tamaño las hace poco atractivas para los atacantes.
En términos operativos, la geodistribución de las empresas logísticas también es un factor que dificulta la gestión de la seguridad. Un estudio de Kaspersky muestra que el 55% de las organizaciones con múltiples sedes sufren interrupciones de red, y más de un 12% requiere un día completo para restablecer conexiones críticas. Solo el 29% de las sucursales reporta un nivel de seguridad “extremadamente alto”, frente al 47% de la sede central, lo que evidencia la disparidad en la protección y la exposición de puntos débiles para los ciberdelincuentes.
Las consecuencias finales incluyen la fuga de datos confidenciales (39%), el daño a la actividad comercial (38%) y la pérdida de confianza de los clientes (34%). Los datos demuestran que un ciberataque no solo compromete la operativa inmediata, sino que erosiona la reputación de la empresa, así como su sostenibilidad futura.
La Directiva NIS2
Frente a la creciente interconexión y la magnitud de los riesgos, la Unión Europea ha aprobado la Directiva NIS2 para establecer un alto nivel de ciberseguridad en sectores críticos. Esta normativa amplía el alcance respecto a su predecesora (NIS 2016) e incluye entre las llamadas “entidades esenciales” a los operadores de transporte aéreo, ferroviario, marítimo y por carretera, así como a los gestores de tráfico y a los puertos.
En la práctica, esto significa que actores clave de la logística y el transporte estarán bajo un escrutinio especial a partir del 17 de octubre de 2024, fecha límite marcada por el organismo para que los Estados miembros traspusieran la directiva a sus legislaciones nacionales.
El objetivo de la NIS2 es elevar el estándar de ciberseguridad en toda la Unión. Para las empresas de transporte y logística, esto se traduce en la obligación de implantar medidas de protección frente a incidentes que afecten tanto a sus redes informáticas como a sistemas industriales, desde plataformas de gestión de flotas hasta sistemas de reservas o de tráfico portuario.
También deberán asegurarse de que sus proveedores cumplen con los estándares mínimos de ciberseguridad, un aspecto especialmente delicado en un sector caracterizado por la interconexión constante entre distintos actores. La directiva exige, además, que las compañías cuenten con planes de continuidad de negocio y recuperación tras incidentes, que establezcan protocolos de notificación rápida de ciberataques —con un primer aviso en 24 horas, un informe más completo en 72 y un informe final en el plazo de un mes— y que asuman que los órganos de dirección serán directamente responsables de la gestión de la ciberseguridad.
La Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad, ENISA, cuenta con una guía técnica en la que concreta qué tipo de medidas deberían aplicarse. Entre ellas figuran el cifrado de datos, las auditorías periódicas, las pruebas de penetración y la definición de planes de respuesta ante incidentes. Se trata, en definitiva, de un salto cualitativo que traslada la ciberseguridad del plano puramente técnico al estratégico.
A pesar de la normativa, actualmente, el 62% de las medianas empresas españolas reconoce dificultades para cumplir con regulaciones internacionales como NIS2 y el RGPD, según Cylum, Esto refleja la complejidad de implementar estos estándares de forma efectiva.

Consecuencias del incumplimiento
El régimen sancionador también sube de nivel. La directiva fija multas de hasta 10 millones de euros o el 2% de la facturación anual mundial para las entidades esenciales que incumplan las obligaciones. Además, en el caso de empresas de transporte, las autoridades podrán ejercer una supervisión proactiva, con inspecciones y auditorías periódicas.
En un sector cada vez más digitalizado, donde el seguimiento en tiempo real de mercancías, la interconexión de terminales y la automatización de procesos son la norma, la NIS2 obliga a las empresas de transporte y logística a situar la ciberseguridad en el centro de su estrategia. No se trata únicamente de evitar sanciones, sino de blindar la confianza de clientes y socios en un ecosistema donde un ciberataque puede paralizar cadenas enteras de suministro.
Estrategias de prevención y respuesta
Para José María de Fuentes, la prevención debe combinar formación, estrategia y tecnología. “El riesgo no siempre es medible únicamente en términos económicos”, explica. La comunicación clara entre técnicos y dirección, así como la formación constante del personal, son esenciales para fortalecer al “eslabón más débil” de la cadena. Además, recomienda adoptar arquitecturas Zero Trust, que no conceden permisos implícitos a dispositivos o usuarios solo por estar conectados a la red, mitigando los riesgos que plantean los dispositivos IoT en entornos industriales.
Cuando un incidente se convierte en crisis, se activa una situación en la que los daños ocasionados superan la capacidad de respuesta de la empresa, requiriendo una respuesta a nivel ejecutivo y organizativo, además de la técnica. La gestión eficaz de esta contingencia, según el manual del INCIBE-CERT, se basa fundamentalmente en la Fase de Preparación (Fase 0), que es crucial para asegurar una respuesta eficiente y se lleva a cabo cuando la empresa opera con normalidad.
Durante esta fase, resulta imperativo definir roles y responsabilidades creando un comité de crisis que liderará la respuesta, y garantizar la gestión efectiva de los stakeholders. La preparación técnica implica la realización de un inventario de activos críticos, la evaluación de riesgos, y el desarrollo y actualización de planes de contingencia esenciales, como el Plan de Continuidad de Negocio (PCN) y el Plan de Recuperación ante Desastres (DRP), cuyo propósito es minimizar el impacto y asegurar una rápida recuperación.
Además, es crucial validar la efectividad de estos procedimientos mediante la realización anual de simulacros (como el tabletop o la interrupción total). Solo se declara formalmente una crisis cuando el incidente se clasifica como crítico, muy alto o alto en su peligrosidad y/o impacto.

Ciberataques: comunicación y ‘cierre’
Una vez cumplidos los requisitos de crisis en la fase de identificación y análisis, se notifica internamente y se convoca de manera inmediata al Comité de Crisis. La activación del plan inicia la fase de respuesta y comunicación, cuyo primer objetivo es la contención inmediata para minimizar el impacto (ej., desconexión de sistemas), siendo fundamental la preservación de evidencias para posibles procesos judiciales.
Posteriormente, se procede a la erradicación de los elementos nocivos y la recuperación gradual de los sistemas, priorizando siempre los activos más críticos. En paralelo, la comunicación transparente es una buena práctica esencial, activándose el plan de comunicación para notificar a los agentes externos y difundir un mensaje clave que aborde lo sucedido, las implicaciones para los stakeholders y las acciones previstas para prevenir futuros eventos. El proceso culmina con la fase de cierre, decidida por el comité de crisis una vez mitigada la amenaza.
Postcrisis y lecciones aprendidas
Finalmente, según lo estipulado por el centro de respuesta a incidentes de seguridad, es obligatoria la realización de una auditoría postcrisis para el aprendizaje continuo, documentando las llamadas lecciones aprendidas y desarrollando un plan de mejora para la preparación ante futuras contingencias. Si la crisis se origina en un proveedor, se sigue un procedimiento análogo, pero en el cierre se debe valorar la posibilidad de un cambio de proveedor si no cumplió con las medidas de seguridad exigidas.
“No hay que perder de vista que hay dos objetivos importantes y urgentes: minimizar el daño operativo y garantizar que la afectación a la reputación sea lo menor posible”, explica el experto en ciberseguridad. Que prosigue: “en este sentido, creo que es crítico -en línea con las exigencias regulatorias- que se informe a los afectados y a las autoridades si hay afectación de datos personales”.
La digitalización ha transformado la logística en un sector altamente eficiente, pero también más vulnerable a amenazas que pueden poner en riesgo la continuidad del negocio. La aparición de tecnologías disruptivas, como la IA, pueden suponer un arma de doble filo tanto para los que se defienden como los que atacan.
Por ello, la inversión en prevención, la formación continua del personal y el cumplimiento normativo, especialmente la Directiva NIS2, son pilares fundamentales para garantizar que la infraestructura crítica resista los ciberataques y mantenga su operativa en la compleja era digital. Como subraya De Fuentes, “la ciberseguridad ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un elemento central de la estrategia corporativa”.

*Este reportaje fue originalmente publicado en el Nº 82 de la revista Cuadernos de Logística.











