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De izquierda a derecha: Jaime Bernar, Pedro Bernar y Martín González, fundadores de Sherpa.

De una entrega urgente a México a una startup logística: así nace Sherpa

Por Eleazar RamosResponsable de contenidos del área de Logística
Convertir viajes en envíos y espacio libre en oportunidad logística. Esa es la propuesta de Sherpa, una startup que busca abrirse hueco en el mercado apoyándose en un modelo colaborativo. El reto ahora pasa por escalar la red y consolidar su encaje en el sector.

Detrás de Sherpa hay una idea sencilla, pero con implicaciones claras para el sector logístico: aprovechar los trayectos que ya realizan miles de personas cada día para transportar paquetes de forma más rápida y flexible. Así lo explican Pedro Bernar y Martín González, cofundadores del proyecto junto a Jaime Bernar, responsable de la parte tecnológica.

Ambos, amigos desde pequeños y con inquietud emprendedora, decidieron dar forma a la idea tras sus primeras experiencias profesionales. El detonante fue una situación concreta que, con el tiempo, ha acabado convirtiéndose en el origen del proyecto.

Pedro lo narra de forma directa: su padre necesitaba hacer un envío urgente desde Bilbao hasta México y las alternativas disponibles eran costosas y lentas. La solución fue viajar él mismo con el paquete. “Me fui yo con la maleta, hice la entrega y ahí pensé: si alguien ya va a hacer ese viaje, esto se podría aprovechar mejor”, explica.

A partir de ahí, la idea empezó a tomar forma. Primero como una conversación entre amigos, después como un proyecto paralelo y, finalmente, como una aplicación que vio la luz a finales de 2025 y que ya ha comenzado a operar con usuarios reales.

Un modelo que busca encajar donde la logística tradicional no llega

La propuesta de Sherpa se basa en conectar a personas que viajan con otras que necesitan enviar algo en esa misma ruta. Un modelo que recuerda a esquemas de economía colaborativa, pero aplicado a la logística.

Su foco actual está en el entorno entre particulares, aunque no descartan evolucionar hacia soluciones para empresas. “Nuestro core es la economía colaborativa. Es la base para que el modelo tenga sentido”, explica Martín.

En lugar de competir directamente con los operadores tradicionales en el envío estándar, Sherpa busca posicionarse en un espacio diferente: el de aquellos envíos que resultan incómodos, caros o difíciles de gestionar dentro de las redes convencionales.

Bicicletas, mascotas, obras de arte o envíos urgentes aparecen de forma recurrente en la conversación. Casos donde la logística tradicional pierde eficiencia y donde un trayecto directo puede aportar valor.

“Hay paquetes que los operadores no quieren tocar porque les rompen el flujo”, apuntan. “Ahí es donde nosotros encajamos”.

El desafío real: hacer que el modelo funcione en la práctica

Más allá de la idea, el principal reto está en la operativa. En concreto, en lograr que coincidan la oferta y la demanda.

En estos primeros meses, la plataforma ha registrado una buena acogida, especialmente por parte de usuarios interesados en publicar viajes y monetizar sus desplazamientos. Hasta la fecha, ya se han publicado más de 220 viajes en la aplicación, una cifra que, aunque todavía inicial, sirve como primera validación del interés por el modelo.

“Tiene que coincidir que alguien quiera enviar algo a una ciudad concreta y que haya un viajero que vaya justo allí ese día. Ese es el reto”, explican.

Aun así, ya han empezado a identificar patrones. Rutas como Madrid-Barcelona funcionan con mayor fluidez, mientras que trayectos más largos o menos conectados, como entre Cataluña y Andalucía, reflejan una necesidad más clara. También destacan oportunidades en zonas rurales o en envíos desde localidades pequeñas, donde el coste del transporte tradicional se dispara.

Seguridad y confianza: la barrera clave

Por otro lado, uno de los puntos más sensibles del modelo es la confianza. Dejar un paquete en manos de un particular no es un paso trivial, y los fundadores son conscientes de ello.

“El mayor problema es: ¿cómo me fío de la persona que va a llevar mi paquete?”, reconoce Pedro.

Para reducir esa barrera, Sherpa ha incorporado sistemas de verificación más exigentes que otras plataformas colaborativas, incluyendo identificación con DNI, teléfono y otros datos. Además, el envío incluye una declaración previa del contenido y una imagen del paquete.

El objetivo es reforzar la trazabilidad y desincentivar comportamientos indebidos, aunque el modelo mantiene cierta flexibilidad propia de este tipo de plataformas.

Un encaje claro en determinados nichos logísticos

Desde el punto de vista del sector, Sherpa identifica un hueco concreto. No en el envío masivo o estandarizado, sino en aquellos casos donde la red tradicional pierde eficiencia.

Durante el desarrollo del proyecto, los fundadores han contrastado su idea con profesionales del sector, que han validado la existencia de ese nicho, especialmente en envíos entre particulares.

En términos de precio, aseguran poder competir en muchos casos, mientras que en velocidad ven una de sus principales ventajas. “Si alguien va de Bilbao a Madrid, ese paquete puede llegar en cuatro horas y media. No hay almacenes, no hay pasos intermedios”, explica Martín.

Ese carácter directo es, precisamente, uno de los elementos que consideran diferenciales con respecto al modelo frente a las redes logísticas tradicionales.

Crecimiento, inversión y próximos pasos

Sherpa ha arrancado con recursos propios hasta dar el salto a la financiación externa con una primera ronda de 150.000 euros.

La inversión ha sido liderada por Juan Pane Arregui, emprendedor tecnológico que vendió su startup BuyVip a Amazon por 80 millones de euros, lo que aporta, según explican, experiencia en el desarrollo y escalado de este tipo de proyectos.

Además, la startup formará parte de Lanzadera, la aceleradora impulsada por Juan Roig, y se encuentra tramitando financiación adicional a través de ENISA para reforzar su crecimiento.

Con estos recursos, la compañía busca principalmente aumentar su base de usuarios y seguir desarrollando el producto, con el objetivo de alcanzar la masa crítica necesaria para que el modelo funcione con mayor fluidez.

Un modelo con vocación de escalar más allá de España

Aunque el proyecto se encuentra todavía en una fase inicial, los fundadores tienen clara la hoja de ruta: consolidar el modelo en España y, a partir de ahí, dar el salto a otros mercados europeos.

La lógica, explican, es replicable. “Si alguien puede mandar algo de Madrid a Barcelona en el mismo día, imagina lo que supone hacerlo entre ciudades europeas aprovechando trayectos en avión o carretera”, apuntan.

Más allá de la expansión geográfica, el objetivo de fondo es que el uso de la plataforma se normalice en el día a día. Que deje de percibirse como algo puntual y pase a integrarse en los hábitos de los usuarios. “Queremos que llegue un momento en el que alguien diga: ‘oye, hazte un sherpa’ igual que hoy dices ‘pide un Uber’ o ‘haz un Glovo’”, explican.

Con todo, los propios fundadores reconocen que ese escenario todavía queda lejos. El modelo depende de alcanzar una masa crítica suficiente de usuarios y de que se produzca ese encaje entre oferta y demanda que hoy sigue siendo el principal reto. “Esto funciona cuando hay volumen. Si no hay suficientes viajes o suficientes envíos, el sistema no fluye”, admiten.

En ese sentido, el desafío no es solo operativo, sino también cultural: introducir un hábito nuevo en el usuario y demostrar que puede ser fiable en el tiempo. Ahí es donde sitúan tanto la dificultad como la oportunidad del proyecto.

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