Inicio / E-commerce / Cristian Castillo (UOC): “El gran volumen logístico se ha convertido en la coartada perfecta para el fraude”
Cristian Castillo (UOC): “El gran volumen logístico se ha convertido en la coartada perfecta para el fraude”
El usuario recibe tantos mensajes que deja de percibirlos como algo excepcional... Ahí es donde el fraude encuentra su oportunidad

Cristian Castillo (UOC): “El gran volumen logístico se ha convertido en la coartada perfecta para el fraude”

Por Óscar AguilarResponsable de área de Logística
El profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, experto en Logística y Ciberseguridad, analiza para Logística C de Comunicación cómo la normalización de la entrega urgente y la acumulación de notificaciones han abierto una grieta que la ciberdelincuencia aprovecha. No señala a la logística como responsable, pero sí al contexto que rodea hoy a la distribución de paquetes.

La tesis de partida incomoda: ¿ha creado la eficiencia un entorno propicio para el fraude? Cristian Castillo lo matiza desde el primer momento. “No es que la logística impulse la ciberdelincuencia. El gran volumen actual funciona como excusa perfecta para camuflar mensajes falsos dentro del flujo habitual”, explica.

Hace dos décadas, recibir un aviso de entrega resultaba excepcional. Hoy, en cambio, “todo el mundo espera un paquete y gestiona sus compras desde el móvil”. En ese escenario, introducir un SMS fraudulento exige menos esfuerzo: encaja en la rutina.

Volumen, urgencia y cultura de la inmediatez

Castillo no separa el volumen del cambio cultural. A su juicio, ambos factores se retroalimentan. “Nos hemos acostumbrado a comprar de forma recurrente, en distintos comercios y con entrega en 24 horas, casi siempre a domicilio”, apunta. Muchas veces sin necesidad real.

Esa dinámica multiplica avisos y notificaciones: retrasos, cambios de franja o intentos fallidos de entrega. “El usuario recibe tantos mensajes que deja de percibirlos como algo excepcional. Ahí es donde el fraude encuentra su oportunidad”, resume.

El problema no radica en la ingenuidad, insiste, sino en la saturación. Cuando el sistema entrena al consumidor para reaccionar deprisa, el margen de comprobación se estrecha.

El punto crítico: el intento fallido

Dentro del proceso logístico existen mensajes que generan especial confusión. El más delicado: el aviso de intento de entrega cuando el destinatario afirma que sí estaba en casa.

“Son situaciones reales. No constituyen fraude, pero generan contradicción”, señala. El usuario, convencido de que esperaba un envío, recibe un mensaje que le obliga a actuar: reprogramar, confirmar datos o contactar con la agencia.

Ese precedente crea terreno fértil para la ingeniería social. Si días después llega un SMS con un relato similar, la probabilidad de clic aumenta. “Es la combinación perfecta: esperas un paquete, no te ha llegado y te ofrecen una solución inmediata”.

Fragmentación y responsabilidad compartida

Castillo también aborda la percepción del consumidor, que suele identificar plataforma y transportista como un único actor. “La mayoría de tiendas online subcontratan el transporte. El usuario no siempre distingue responsabilidades”, explica.

Esa fragmentación complica la experiencia y añade ruido. Para el investigador, una mayor transparencia ayudaría. Informar con claridad sobre qué agencia realizará la entrega y qué tipo de mensajes recibirá el cliente reduce incertidumbre.

No se trata de criminalizar el comercio online”, puntualiza. Él mismo compra por internet. El foco debe situarse en la coherencia del modelo y en la coordinación entre agentes.

Lockers y puntos de conveniencia: menos ruido, menos margen para el fraude

Entre las medidas concretas, Castillo propone reducir el domicilio como destino automático cuando el comprador sabe que no estará presente. Los lockers y puntos de conveniencia alivian la presión de la última milla y, de forma indirecta, recortan el espacio para el engaño.Si yo he elegido un locker y recibo un mensaje que dice que no me han encontrado en casa, ya tengo una alerta clara”, argumenta. No elimina el riesgo, pero facilita la detección.

A ello suma otra palanca: mayor realismo en los plazos de entrega. “Quizá conviene prometer 48 horas en lugar de 24. Si el pedido llega antes, mejor. La transparencia reduce la sensación de descontrol”.

Qué deberían revisar mañana mismo los responsables de última milla

Ante la pregunta directa, Castillo concreta dos acciones inmediatas. Primero, definir con claridad cómo se comunicará la compañía con el cliente. “El usuario debe saber qué mensajes puede recibir y cómo identificarlos como legítimos”.

Segundo, revisar los propios procesos para evitar notificaciones contradictorias o innecesarias. “Si enviamos mensajes confusos de forma habitual, contribuimos a normalizar ese ruido. Cuando llegue uno fraudulento, pasará desapercibido”.

La logística no crea el smishing, concluye, pero sí configura el escenario donde puede prosperar. El desafío no consiste en frenar la eficiencia, sino en ordenar el entorno que la rodea. Para un sector que compite en rapidez y precisión, la confianza digital ya forma parte de la operativa.

Notificar nuevos comentarios
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Scroll al inicio